"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca" (J.L. Borges)

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Actividad en biblioteca para 1ºESO

Coincidiendo con el día de la biblioteca, desde nuestra biblioteca se programó una actividad dirigida a los alumnos de 1ºESO, en la que participaron los diversos grupos de clase la semana pasada en la hora de tutoría.
La propuesta era dar a conocer la biblioteca del centro a nuestros nuevos alumnos, para que puedan hacer un uso provechoso de sus instalaciones a lo largo de los años que van a pasar en nuestro centro. Además de descubrirles cómo funciona la biblioteca, realizamos una actividad de "Lectura cubista" con la que despertar en los alumnos el interés por la lectura. Para la actividad, seleccionamos el pregón redactado por Ledicia Costas para conmemorar el día de la biblioteca, que os dejamos en esta entrada.
También aprovechamos la visita a la biblioteca, para realizar una brevísima encuesta a los alumnos de 1ºESO: ¿Cantidad de libros leídos por iniciativa propia en un año? Un total de 92 alumnos respondieron de manera anónima a la encuesta. Como resumen de la misma, os dejamos un gráfico. Si nos fijamos en los extremos: un 20% de los alumnos han leído 10 o más libros, mientras que un 6% no han leído libro alguno.

Una luciérnaga es una isla perdida en la noche más densa. Cien luciérnagas, una constelación misteriosa que marca el rumbo hacia otros universos. Así, con esa estrategia de luz, se organizan los libros que moran en las bibliotecas. Son caricias fosforescentes que incendian los sueños y recomponen los corazones grises hasta hacerlos recobrar su color rojo brillante. Cualquier individuo que padezca el síndrome del corazón gris, debería ponerse en manos de un experto y visitar una biblioteca.

Para escribir un libro, además de hacer malabarismos con las palabras hay que ser una desvergonzada o un loco. Un atrevido, una excéntrica descontrolada. Llevar un calcetín de lunares, otro de rayas y los pelos de punta. Una cresta como las que lucen las cacatúas sería un peinado muy interesante para un escritor. Solo las mentes más disparatadas son aptas para escribir libros. Pero para custodiarlas no es suficiente con tener un desajuste en los cables cerebrales. Es indispensable ser de fuera. Un extraterrestre. Las bibliotecas albergan seres con antenas giratorias, cerebros millométricos que memorizan títulos rebuscados, rimbombantes, campanudos. Las personas que custodian libros siempre me han parecido criaturas singulares. Están dotadas de extremidades retráctiles que estiran y estiran hasta alcanzar aquel volumen al que parecía imposible acceder. A continuación, como si nada, se recomponen y todo vuelve a su posición natural. Parecen seres humanos, pero a poco que les observes percibirás que no son de aquí. Una de las cosas que más me fascina de los bibliotecarios es su cerebro. ¡Me parecen tan listos! Los libros fabrican pensamientos. Pasar tantas horas dentro de una factoría de ideas es bueno para tener un corazón rojo y brillante y una cabeza repleta de planes fantásticos.

Alguien me han contado que el 24 de octubre es el Día de la Biblioteca. Sería genial organizar una fiesta con confeti y pompas de jabón. Celebrarla por todo lo alto. Me encantaría vestirme para tal ocasión como el personaje de algún libro, sentarme en la mesa de una biblioteca de la ciudad donde vivo y esperar a que fueran a visitarme. En las bibliotecas puedes ser quien tú quieras. Desde Mary Poppins hasta Matilda, Atreyu, Drácula o incluso Pippilotta Viktualia Rullgardina Krusmynta Efraimsdotter Långstrump. Puedes ponerte botas de pelo, plumas, zancos y sombreros. ¡Sombreros! ¡Eso es! Imagino a una pequeña lectora acercándose a mí discretamente, atraída por los colores y formas de mi sombrero:

—Sombrerera loca, ¡qué fiesta más maravillosa! ¿Sería tan amable de servirme una taza de té?

Yo se la serviría con mucho gusto, poniendo cara de mujer refinada, y luego ambas haríamos ruido al tragar. Sonaría algo parecido a glup glup glup. Y antes de que nos diese tiempo de romper a reír de forma desenfrenada, aparecería el bibliotecario, como surgido de la nada, que para eso poseen la facultad de materializarse delante de ti en el momento más inoportuno, y nos advertiría de que las bibliotecas no son merenderos. Hay que reconocer que son únicos custodiando tesoros. Extraterrestres con el corazón rojo y brillante. Qué cosa tan extraordinaria. ¡Feliz Día de la Biblioteca!

Texto: Ledicia Costas / Ilustración: Elena Odriozola

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